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La vida es un flujo continuo que nos llama constantemente a la acción; nos guía día a día con señales de cuál es el camino a seguir. A veces esta guía es como un susurro o una intuición, y otras veces recibimos indicaciones más fuertes o rotundas.

¿Quién no ha tenido un sueño revelador, o una visión clara de cómo proceder en una situación? Estos son ejemplos de cómo la vida se comunica con nosotras.

La vida nos invita al cambio, y para ello, nos pide cooperar con las señales de nuestro verdadero destino.

Esta idea suena maravillosa, porque nos imaginamos que siempre comprenderemos las señales de la vida, o que estas señales serán siempre positivas; es decir, nosotras creemos saber cuál es ese destino, y simplemente esperamos que la vida nos impulse para llegar hasta allí… fácilmente. Pero lamentablemente éste no es siempre el caso.

Sí, hay veces en las que todo sale de acuerdo a nuestro plan. Pero esa es la excepción y no la regla, pues el camino de la transformación personal es también un camino de aprendizaje, y para aprender es necesario pasar por desafíos… y esto es algo que a pocas personas les gusta.

Nuestra alma está conectada al resto del Universo y quiere crear un mundo mejor. Nos pide evolución y nos impulsa hacia una versión más real y más completa de nosotras mismas. Sin embargo, a nuestra personalidad (nuestro ego) no le gusta el cambio, y… ¡mucho menos si esto implica trabajo!

Nuestra personalidad es distinta de nuestra alma y no siempre está alineada en sus intereses o inquietudes. Por lo general, a nuestra personalidad le gusta que todo siga como está, que los cambios ocurran mágicamente, sin esfuerzo… y que sean siempre positivos. Pero los grandes destinos no se hicieron para holgazanes. Alcanzar lo que deseas requieren un despertar espiritual, así como esfuerzo y dedicación.

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La vida tiene grandes planes para nosotras, si aceptamos el desafío y nos animamos a la transformación.

Si aceptamos el desafío que la vida nos propone, seguramente tendremos dudas de cómo lograr esa evolución personal. ¿Cómo podemos distinguir las señales de la vida de las señales de nuestra personalidad? Para poder hacerlo, es necesario conocer el proceso de transformación y sus fases. Así estaremos preparadas para el cambio, y lograremos tener la perspectiva necesaria.

El proceso de transformación consta de cuatro fases (disolución, imaginación, implementación y vuelo), y es un proceso que va en espiral. Es decir, un cambio precede al otro y así sucesivamente, en un continuo de aprendizaje que dura toda la vida: vamos de transformación en transformación, aunque cada una de ellas (y cada una de sus fases) puede durar meses o años: es parte de nuestro camino.

Cada una de estas fases tiene sus riesgos y las emociones más comunes que encontramos en nuestro camino son el miedo, la culpa y la duda.

Es importante recordar que estas emociones no son tus enemigas, sino que son parte del proceso de cambio. ¡No existe transformación sin haber sentido miedo, culpa o duda en algún momento de tu camino!

Estas emociones te ayudan a crecer espiritualmente, así que reconoce su lugar en tu vida, siéntelas, da gracias por su presencia… y sigue adelante.

Este artículo es una introducción al tema del cual Elisa Markhoff habló en su entrevista con María José en el evento La Vida es Una Ofrenda. Lee aquí la segunda parte.

Elisa Markhoff

Elisa Markhoff es periodista y autora, especialista en Psicología de la Nutrición, EFT - tapping, y distintas modalidades de terapia trans generacional. Actualmente vive y trabaja en EEUU, donde ha hecho las paces con la nieve.

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