El viaje de la mujer cíclica comenzó en mí hace alrededor de 4 años. Antes, cada día intentaba “estar siempre” feliz, linda, enérgica, amigable y radiante, a pesar de estar transitando una vida rítmica y ondulante.

La mayor parte del tiempo, mis esfuerzos por estar siempre “bien” resultaban inútiles y yo me sumía en una tremenda frustración personal que me llevaba a sentir rabia hacia mi cuerpo de mujer.

Viviendo en esa dinámica, un día, mágicamente me llegó una imagen de Julia Larotonda y desde esa ocasión mi intento de adaptarme al mundo ya nunca fue el mismo. Jamás volví a vivir mis ciclos hormonales igual.

CiclosCuando vi su ilustración, una caótica energía se encendió dentro de mí y sentí como si de pronto hubiera recordado algo que había olvidado hace mucho tiempo. Esta me hizo traer a la consciencia una memoria antigua, que pedía a gritos ser despertada.

Desde esa ocasión, he podido observar en mi labor como psicoterapeuta, que llega un momento en la vida de toda mujer en que se presenta un insistente llamado a evolucionar; a aceptar este proceso de transformación el cual pide que se integren hábitos y renueven creencias que promuevan el desarrollo consciente de cada una de nosotras.

Cuando escuché este llamado, no pude ignorarlo, así que decidí acogerlo con todo mi amor e iniciar un largo viaje de transformación que me ha tenido en un proceso de desarrollo y crecimiento hasta el día de hoy.

Sin embargo, también he entendido que no todas las mujeres están dispuestas a oír y acatar el llamado de la mujer cíclica, pues éste implica salir del espacio de confort y  apostar por una nueva forma de vivir consigo misma, con la pareja, con la familia, con los amigos y en el trabajo. Esto también está bien y cada una tiene sus propios tiempos.

Si tú estás dispuesta a escuchar este llamado, lo primero es darte cuenta de que el cuerpo de la mujer es semejante a las estaciones, las mareas, la luna y el ciclo de la vida; pues todos estos nacen, se desarrollan y mueren.

Mes a mes, nosotras morimos y renacemos, morimos y renacemos, morimos y renacemos, desde nuestra menarquía (el día en el cual se produce el primer episodio de sangrado vaginal de origen menstrual), hasta el día en que trascendemos este plano. Incluso en la fase de menopausia tus ciclos siguen transitando dentro de ti; una vez que aparecen los ritmos de los ciclos, éstos jamás nos abandonan.

julia2El experimentar de forma tan clara los ciclos de la vida, nos hace hijas de la tierra, y yo creo que de allí viene la metáfora de que fuimos hechas de barro; pues el ADN mismo de la naturaleza es compartido con nosotras.

Es decir, hay algo en cada mujer que nos hace funcionar de la misma forma que la madre tierra, y a la vez ser tan fértiles y tan áridas como ella: somos el Amazonas y ser el Sahara en un sólo cuerpo.

Al despertar a esta conciencia, supe que dentro mío había cuatro energías primordiales que representaban a las cuatro estaciones. Mi menstruación que me llevaba a vivir el invierno en un viaje interno y en solitario, mi ovulación era el momento de pico energético y se asemejaba al verano en que podía llegar a sentir todo el fuego de mi energía sexual manifestándose en mi interior. La primavera es un momento de preovulación que nos prepara para recibir el verano y el otoño nuestra fase premenstrual que nos lleva a ingresar poco a poco en la energía del invierno.

Sin embargo, a medida que comencé a estudiar estas cuatro energías dentro de mi, con la herramienta del diagrama lunar, descubrí que no sólo son cuatro ¡(Oh my god)!

Pues ciclo a ciclo me vi envuelta en muchísimos arquetipos que se fueron manifestando a medida que transitaba los acontecimientos envolventes y ondulantes de la vida.

Verdaderamente dentro de cada una de nosotras habitan todas las mujeres del mundo y tenemos que reconciliarnos con estas energías para darle al mundo esa mujer completa que somos.

Todo lo que deseamos en realidad lo tenemos dentro de nosotras mismas y sólo es cuestión de descubrir esa energía tan poderosa que vive en nosotras.

El permitirnos vivir todas nuestras facetas, parte de un profundo autoconocimiento y del darnos permiso de ser… ¿de ser qué?: ser niña, ser madre, ser sexy y carnal, ser intelectual, ser anciana, ser de nuevo niña, etc. ¡Ser auténticamente nosotras mismas!

Y es dentro de esta autenticidad que el ser cíclica, cambiante o lunática deja de ser una cualidad terrible, y comienza a ser nuestro mayor tesoro; un gran aliado.

Es por ello que hoy te digo fuerte y claro:

Querida mujer, permítete ser amorosamente cada una de esas energías que hay dentro de ti. Cuando se instaló el patriarcado en la tierra, nuestra psique separó el arquetipo de la madre-santa, del de la mujer sexual y se nos dijo que teníamos que ser o la una o la otra. Es decir, ¿cómo podías sentir deseo y placer sexual si luego debías cuidar y educar a tus hijos como seres intachables?

Hoy en día sabemos que somos un todo y en eso radica el entender que somos una mujer cíclica; una mujer completa.

Estamos en tiempos importantísimos para el desarrollo de la mujer y de la humanidad. Hoy se está reintegrando en la psique de las mujeres esa consciencia que se fracturó hace muchos años. ¡Mujer eres completa!

JuliaroUn regalo especial:

Te invito  a que te tomes un momento para meditar. Ponte cómoda, cierra tus ojos, respira relajadamente y lleva toda la atención a tu útero.

Desde allí comienza a sentir a todas las mujeres que hay en ti y visualiza como una a una se van presentando al frente tuyo.A medida que cada mujer aparezca en la meditación agradécele y dale un abrazo, luego deja que se desvanezca hasta que aparezca otra mujer.

Una vez que ya sientas que han aparecido todos los arquetipos de tu ciclo, anota en una libretita cada una de las mujeres que visualizaste así como la energía que ellas representan en tu vida. Sin duda cada una tiene un mensaje especial para ti.

Espero esto te inspire a regocijarte en tus ciclos.

Por Ximena Ávila Hernández

Imagen destacada por: Shelley Sage Heart | Ilustraciones del artículo por: ©Juliaro

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