Hace un año más o menos que venía pensando en la idea de hacer un retiro en Bali, una isla que amo profundamente. En cada uno de mis viajes (acabo de cumplir mi 8º viaje a Indonesia) he sentido un gran deseo por compartir todo aquello que vivo, que exploro y que veo. Cuando conocí a Loly, con quién haré dos retiros en el 2018 a Bali, supe inmediatamente que haríamos juntas un retiro increíble porque ambas amamos Bali y queremos compartir con el mundo esta isla tan increíble.

Bali es un contraste entre la luz y la oscuridad, lo bello y lo caótico, lo superficial y lo profundo. Por un lado, tiene la cultura balinesa, que es tan rica y profunda y por otro lado tiene una gran cantidad de turismo que ha impactado fuertemente la cultura en la isla. Pero, esa riqueza y ese contraste tan grande que hay en cada esquina, es lo que hace de Bali un lugar tan especial. Los balineses son tan espirituales y están tan dedicados a sus tradiciones, que es imposible llegar allí y no conectarse con esa energía y sentirla en cada célula del cuerpo.

Bali es un vórtice de energía, es uno de esos lugares únicos en el mundo en donde la vibración es tan alta que te atrapa desde el momento en el que aterrizas. Además, Bali tiene algo muy particular, gracias a su fuerte energía femenina, la isla logra sostener el espacio energético para la transformación de miles de personas al año. Pero, justamente esta energía tan fuerte también tiene sus lecciones, que quieras o no, Bali se encargará de entregártelas.

Yo he aprendido que ningún viaje a Bali siempre es el mismo. Hay viajes en los que me he enfermado y me he tenido que ir de la isla antes de lo previsto, así como he tenido viajes divinos en los que he descubierto mucho sobre cómo crecer y manifestar mi realidad. Pero, nunca jamás he tenido un viaje en el que no haya habido algún tipo de transformación. Bali hace contigo lo que ella considere que necesitas en ese momento para tu crecimiento, independiente si a ti te guste o no, y tienes que estar dispuesta al cambio. He escuchado de muchas personas que se resisten a esta energía de cambio y se van, tan rápido como llegaron.

Una vez leí que cuando uno abraza un árbol porque quiere cargarse de su energía, tiene que pedirle permiso para hacerlo, porque su energía le pertenece. Después de muchos años y realmente historias increíbles en Bali (algún día se las contaré todas), he aprendido que la isla se respeta y su energía no es en broma, en realidad es de las más fuertes que he vivido.

Yo sé que voy allí a recargarme de energía, a soltar bloqueos y aprender más sobre mi misma. Así, aprendí que tengo que respetar a Bali y tengo que pedir permiso cada vez que voy, para que su energía contenga la transformación que yo estoy buscando. ¿Cómo pido permiso? tengo un ritual que hago antes de aterrizar en la isla. Medito por unos minutos y luego le pido de corazón que me reciba, que me ayude a ver lo que tengo que ver y que me ayude a sanar. Le agradezco por recibirme y por todo lo que me entregará durante mi viaje. Cada vez que lo hago siento una paz profunda y sé que estoy haciendo lo correcto para mí.

Una de las cosas que Loly y yo más hemos cuidado a la hora de organizar este retiro a Bali ha sido mantenerlo lo más auténtico posible. Hemos considerado cada detalle para que experimentes la isla que nosotras conocemos, la isla que nos ha cambiado la vida y que nos ha ayudado a conectarnos con nuestra espiritualidad. Ambas hicimos un gran esfuerzo por no escoger lugares en donde consideramos que hay exceso de turismo y que han perdido su esencia. Seleccionamos hoteles realmente espectaculares, en los que reina la paz y el silencio, espacios que nos ayudarán a ir hacia adentro. Inclusive tendremos nuestra despedida en una ceremonia con un cura balines al atardecer en la playa de Uluwatu. No me puedo imaginar una mejor cierre para este viaje.

Si quieres conocer Bali con nosotras, te invitamos a uno de los dos retiros que ofreceremos en el 2018. Puedes ver más información aquí y te recomiendo reservar con tiempo, ya que los espacios son limitados.

Con cariño,

MJ

P.S. Esta es mi entrada no. 66 del Proyecto de 100 días 

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