Como mujeres -en general- tendemos a obligarnos a más cosas de las que podemos manejar y a exigir mucho de nosotras mismas. Vivimos en una lucha constante por ser independientes y por demostrar que podemos hacerlo todo, intentando ser la mujer maravilla. Pero, la realidad es que no podemos siempre hacer todo (nadie lo puede hacer todo por sí mismo) y tampoco se espera eso de nosotras. Tenemos derecho a pedir ayuda de vez en cuando y está bien.

Te cuento de dónde viene el artículo de hoy. El Proyecto de 100 Días ha sido todo un reto para mi. Hay días en los que escribir los artículos diarios no me viene tan fácil. Por ejemplo, ayer comencé a sentirme mal después del medio día y decidí tomar una siesta porque estaba con un poco de fiebre. En la noche, continuaba débil y sin energía. Los lunes siempre son el día en que más actividades tengo, realizo la llamada en vivo de la Certificación de Meditación, grabo las meditaciones de los lunes de meditación y ahora también escribo el artículo del Proyecto de 100 Días. Además, ayer tuve una entrevista de televisión que grabaron en mi casa, por lo que fue un día con más actividades de lo normal.

Está claro que enfermarme un lunes no es lo mejor que me podría pasar y menos cuando hay tanto por hacer. Anoche, a las 6pm todavía no tenía el correo de la meditación hecho, ni el artículo listo, aunque sí adelantado. Ya sabía el tema del que iba a escribir, tenía un boceto con los puntos que iba a desarrollar y había escogido las fotos, pero todavía le faltaba -al menos- una hora de trabajo para terminarlo. Dado que me era imposible terminarlo por lo indispuesta que me sentía, tuve que llamar a miembros del equipo de Mujer Holística y pedir ayuda. Cuando llamé me sentí tan culpable, sentí que estaba fracasando por no poder terminar algo yo misma y que estaba defraudando a las personas que me leían a diario (con todo y errores gramaticales, porque estos artículos salen tal cuál están escritos por mí todos los días y no nos da tiempo de editarlos antes de publicar).

Como una hora después me llamó una amiga para ver cómo estaba y le comenté lo culpable que me sentía por pedir ayuda para poder terminar el artículo. Ella me respondió: “a ver, paremos por un segundo para analizar esto. Nadie está esperando que usted haga todo sola y mucho menos en la condición en la que está. Tiene derecho a pedir ayuda si la necesita, es normal y no tiene nada de malo.” ¡Ayyshhhh!. Precisamente, una de las grandes lecciones que he tenido en los últimos años ha sido esta, la lección de pedir ayuda cuando la necesito.

Yo inicié Mujer Holística sola y por mucho tiempo así estuve. Luego, entró una persona para ayudarme con los correos y las redes sociales y lentamente el equipo fue creciendo a lo que es hoy. Poco a poco, he tenido que aprender a dejar ir y a soltar muchas cosas, pero no es fácil, especialmente cuando el negocio es un bebé pripio. He estudiado mucho lo que hace que un negocio sea exitoso y sé que el poder delegar es clave para poder crecer. Lentamente me he obligado a delegar y he tenido que aprender a estar cómoda con el hecho de que las cosas no necesariamente se harán a mi manera y que quizás se cometerán errores y que eso está bien (porque además yo he cometido mi buena dosis de errores en el camino, ni yo ni mi equipo seremos perfectos nunca).

Recibir ayuda es una forma de recibir abundancia

Esta lección de pedir ayuda se extiende en todas las áreas de nuestra vida, tanto para las mujeres que somos emprendedoras, como para las que no lo son. También aplica para las mujeres que son mamás o las que tienen muchas responsabilidades en sus manos. El poder pedir ayuda no es un defecto, todo lo contrario, es una fortaleza porque estamos reconociendo que nosotras somos nuestra prioridad y que el balance es importante. A veces nos juzgamos tan fuertemente y no nos damos cuenta de que quizás si pidiéramos ayuda estaríamos en un espacio en donde podemos cuidar mejor de nosotras mismas, de nuestras familias y de nuestro negocio, si es el caso.

Pedir ayuda, es también aprender a recibir abundancia. Muchas veces nos cerramos a las bendiciones a nuestro alrededor porque bloqueamos el canal de recibir. A veces, los regalos no son cosas físicas, pueden ser un gesto de ayuda o algo que contribuya a liberar tu carga de responsabilidades. Permítete recibir amor, ayuda y apoyo. Ábrete a que la vida quiere entregarte y quiere que seas feliz. No tienes que hacerlo todo tu misma, hay ángeles (humanos y no humanos) que te pueden ayudar si se lo permites, pero tienes que aprender a pedir lo que necesitas. Si no lo pedimos, es muy difícil que se nos entregue y la vida definitivamente es mucho mejor cuando podemos disfrutar de ella plenamente.

Aquí te comparto algunas preguntas que te puedes hacer para ayudarte a reconocer si tu canal de recibir ayuda y abundancia está abierto:

1. Observa en qué áreas de tu vida estás más cansada o desgastada. ¿Tienes ayuda en ellas?, ¿has pedido ayuda de alguien para levantar tu carga? Si no lo has hecho, ¿por qué?.

2. ¿Eres demasiado exigente de los demás? A veces, pedimos ayuda pero queremos que todo salga perfecto, es decir, que solamente nosotras nos podemos equivocar, pero los demás no. ¿Estás cómoda con el hecho de que las cosas no van a resultar como tu las deseas siempre?.

3. ¿De dónde viene la necesidad de control? En ocasiones nuestra necesidad de control viene de un miedo interno al cambio, de un apego a algo material o de una creencia limitante. Explora qué ocurriría si perdieras el control de esa área de tu vida:¿cómo te sentirías?. Aprende a relacionarte con la incertidumbre y a soltar los apegos, porque nada es permanente, mañana todo puede cambiar.

4. ¿Estás abierta a recibir abundancia? El hecho de que alguien te quiera ayudar es una forma de darte amor y recibir abundancia. La abundancia no siempre es dinero, puede ser cualquier cosa que te ayude a vivir bien y plenamente.

5. ¿Te cuesta pedir ayuda? Yo soy del tipo de persona que casi nunca pide ayuda y cuando la pido me cuesta aceptarla. Siempre he luchado mucho con la creencia de que nadie está allí para mi, pero en realidad soy yo la que no he aceptado que las personas quieren entregarme apoyo y amor, porque las personas sí están allí, soy yo la que he escogido no verlo.

Si estás haciendo el Proyecto de 100 Días conmigo, te invito a que pidas ayuda un día de estos 100, es todo un aprendizaje en sí y un reto para muchas de nosotras. Aunque sientas que el proyecto de ese día no resultó igual como lo habrías hecho tú, el hecho de pedir ayuda te hace más fuerte y también te abre para recibir más abundancia.

Con cariño,

MJ

P.S. Esta es mi entrada No. 13 del Proyecto de 100 Días

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